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FOTOS, VIDEOS Y MAS: La Boda Real - Más De Dos Mil Millones De Invitados Asisten a La Boda Real
Así fue el primer beso en público del príncipe Guillermo y Kate Middleton tras la ceremonia religiosa que los convirtió en los duques de Cambridge
El príncipe Guillermo y la princesa Catalina se besan en el balcón del palacio de Buckingham, ante cientos de miles de admiradores que los jaleaban. Lo hicieron breve y castamente por iniciativa de Guillermo, que siguió la tradición inaugurada por sus padres tras su boda, en 1981, en un balcón engalanado en colores rojo y oro para la ocasión.
Ante el clamor incesante de la multitud, los recién casados se dan un segundo beso, también breve. Guillermo y Catalina sonríen y saludan, distendidos, en presencia del resto de la familia real, un paso por detrás de ellos. La familia se retira del balcón y deja unos instantes sola a la pareja, antes de que ésta haga lo mismo.
El príncipe Guillermo y la princesa Catalina se besan en el balcón del palacio de Buckingham, ante cientos de miles de admiradores que los jaleaban. Lo hicieron breve y castamente por iniciativa de Guillermo, que siguió la tradición inaugurada por sus padres tras su boda, en 1981, en un balcón engalanado en colores rojo y oro para la ocasión.
Ante el clamor incesante de la multitud, los recién casados se dan un segundo beso, también breve. Guillermo y Catalina sonríen y saludan, distendidos, en presencia del resto de la familia real, un paso por detrás de ellos. La familia se retira del balcón y deja unos instantes sola a la pareja, antes de que ésta haga lo mismo.
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La salida de Guillermo y Catalina al balcón, desde donde contemplaron un breve desfile aéreo, además de saludar y besarse, cierra la parte pública de la boda. Los duques de Cambridge van ahora al convite ofrecido por la reina Isabel para 650 invitados. Luego, descansarán un rato antes de la cena, a la que sólo asistirán sus 300 familiares y amigos más allegados.
Más De Dos Mil Millones De Invitados Asisten a La Boda Real
Una pareja, mil novecientos invitados y dos mil millones de televidentes (sin contar internautas). El príncipe William y Kate (ahora Catherine, duquesa de Cambridge) se casaron en una boda real tradicional en medio de una atmósfera del siglo XXI.
Una atmósfera que permitió romper un poco la rígida etiqueta, como en el momento en que, respondiendo a lo que gritaba el público, William le dio no uno sino dos besos a su nueva esposa cuando salieron a saludar desde el balcón del palacio de Buckingham.
La boda se celebró en la abadía de Westminster, escenario de todos los grandes acontecimientos reales británicos desde 1066. Pero este acontecimiento tiene el inconfundible sabor de la globalización: millones más siguieron la boda por internet y publicaron sus comentarios, fotos, videos y vínculos en redes sociales y sitios como YouTube.
El sentido de euforia fue palpable no sólo en la realidad virtual.
Esta nueva boda dentro de la monarquía británica desató, desde hacía varios días, un sentimiento de carnaval en el Reino Unido, especialmente en la capital, donde se estima que entre 3.000 y 5.000 británicos y extranjeros acamparon en The Mall (la calle que conecta el Palacio de Buckingham con la plaza Trafalgar Square) y afuera de la Abadía de Westminster para ser testigos de la celebración.
Desde muy temprano, decenas de los 1.900 invitados a la ceremonia en la Abadía de Westminster se fueron formando en una fila a la espera de que el templo abriera sus puertas.
Se veían sonrientes y relajados. Varios saludaron a las cámaras que, procedentes de diferentes países, se apostaron a las afueras para cubrir minuto a minuto la boda de la monarquía británica.
Sombreros y árboles
Cuando el Big Ben indicaba que eran las 8:30, los guardianes de la Abadía abrieron las puertas del recinto que ha sido escenario de más de 30 coronaciones y donde descansan 17 monarcas.
Por pedido especial de la novia, el recinto fue transformado en un bosque. Ocho árboles flanquearon la nave central, seis de ellos eran arces, un símbolo de humildad.
A medida de que los asistentes buscaban sus sillas, comenzó una especie de desfile de mujeres, con coloridos y elegantes vestidos y sombreros, por la alfombra roja que cubrió el pasillo central de la iglesia medieval.
Pero las invitadas no fueron las únicas que se distinguieron por los diseños de sus sombreros, varias de las mujeres que se acercaron a los diferentes puntos donde pasaría la procesión con los novios también hicieron gala de elegantes y en algunos casos divertidos atuendos.
A las 9:15 las cámaras enfocaron el ingreso a la abadía del futbolista David Beckham y de su esposa Victoria, quien escogió para la ocasión un pequeño sombrero, tacones impresionantemente altos y un vestido hasta las rodillas negros.
Entre los invitados estuvieron alrededor de 50 jefes de Estado, monarcas, representantes diplomáticos y miembros del mundo del espectáculo como el actor británico Rowan Atkinson, mejor conocido como Mister Bean, el cantante Elton John y el campeón olímpico de natación australiano Ian Thorpe.
El esperado beso
En la celebración, Kate Middleton le prometió al príncipe amarlo, consolarlo, honrarlo y cuidarlo. La palabra obediencia fue omitida, como lo hiciera la princesa Diana en sus votos matrimoniales.
James Middleton, hermano de la novia, leyó un fragmento de los Evangelios: Romanos 12: 1-2, 9-18, un pasaje que se refiere a los sacrificios que se hacen en vida.
A las 12:12, salió la procesión encabezada por la pareja que viajaba en el carruaje State Landau, que data de 1902.
Cinco carruajes tirados por caballos los siguieron hasta el Palacio de Buckingham.
La multitud saludaba con alegría al príncipe William y a Catherine, duquesa de Cambridge.
A la 1:25, como marcaba la agenda oficial, la pareja -acompañada por toda la familia real- salió al balcón para darse su primer beso público como esposa y esposo. En realidad no fue uno, sino dos besos.
Terminaba así la primera boda real 2.0 del siglo XXI.
Una atmósfera que permitió romper un poco la rígida etiqueta, como en el momento en que, respondiendo a lo que gritaba el público, William le dio no uno sino dos besos a su nueva esposa cuando salieron a saludar desde el balcón del palacio de Buckingham.
La boda se celebró en la abadía de Westminster, escenario de todos los grandes acontecimientos reales británicos desde 1066. Pero este acontecimiento tiene el inconfundible sabor de la globalización: millones más siguieron la boda por internet y publicaron sus comentarios, fotos, videos y vínculos en redes sociales y sitios como YouTube.
El sentido de euforia fue palpable no sólo en la realidad virtual.
Esta nueva boda dentro de la monarquía británica desató, desde hacía varios días, un sentimiento de carnaval en el Reino Unido, especialmente en la capital, donde se estima que entre 3.000 y 5.000 británicos y extranjeros acamparon en The Mall (la calle que conecta el Palacio de Buckingham con la plaza Trafalgar Square) y afuera de la Abadía de Westminster para ser testigos de la celebración.
Desde muy temprano, decenas de los 1.900 invitados a la ceremonia en la Abadía de Westminster se fueron formando en una fila a la espera de que el templo abriera sus puertas.
Se veían sonrientes y relajados. Varios saludaron a las cámaras que, procedentes de diferentes países, se apostaron a las afueras para cubrir minuto a minuto la boda de la monarquía británica.
Sombreros y árboles
Cuando el Big Ben indicaba que eran las 8:30, los guardianes de la Abadía abrieron las puertas del recinto que ha sido escenario de más de 30 coronaciones y donde descansan 17 monarcas.
Por pedido especial de la novia, el recinto fue transformado en un bosque. Ocho árboles flanquearon la nave central, seis de ellos eran arces, un símbolo de humildad.
A medida de que los asistentes buscaban sus sillas, comenzó una especie de desfile de mujeres, con coloridos y elegantes vestidos y sombreros, por la alfombra roja que cubrió el pasillo central de la iglesia medieval.
Pero las invitadas no fueron las únicas que se distinguieron por los diseños de sus sombreros, varias de las mujeres que se acercaron a los diferentes puntos donde pasaría la procesión con los novios también hicieron gala de elegantes y en algunos casos divertidos atuendos.
A las 9:15 las cámaras enfocaron el ingreso a la abadía del futbolista David Beckham y de su esposa Victoria, quien escogió para la ocasión un pequeño sombrero, tacones impresionantemente altos y un vestido hasta las rodillas negros.
Entre los invitados estuvieron alrededor de 50 jefes de Estado, monarcas, representantes diplomáticos y miembros del mundo del espectáculo como el actor británico Rowan Atkinson, mejor conocido como Mister Bean, el cantante Elton John y el campeón olímpico de natación australiano Ian Thorpe.
El esperado beso
En la celebración, Kate Middleton le prometió al príncipe amarlo, consolarlo, honrarlo y cuidarlo. La palabra obediencia fue omitida, como lo hiciera la princesa Diana en sus votos matrimoniales.
James Middleton, hermano de la novia, leyó un fragmento de los Evangelios: Romanos 12: 1-2, 9-18, un pasaje que se refiere a los sacrificios que se hacen en vida.
A las 12:12, salió la procesión encabezada por la pareja que viajaba en el carruaje State Landau, que data de 1902.
Cinco carruajes tirados por caballos los siguieron hasta el Palacio de Buckingham.
La multitud saludaba con alegría al príncipe William y a Catherine, duquesa de Cambridge.
A la 1:25, como marcaba la agenda oficial, la pareja -acompañada por toda la familia real- salió al balcón para darse su primer beso público como esposa y esposo. En realidad no fue uno, sino dos besos.
Terminaba así la primera boda real 2.0 del siglo XXI.
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